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Eligiendo a un genio para que de nombre a mi Blog, 'Ella estaba loca por el mar' sólo pretende desahogar mis cuadernos que hace tiempo necesitan una transcripcion.
Más allá de mi desconocimiento del mundo blogger y mi poco esmero por cambiar esto, acá estoy ... Luchando con el teclado una vez más.
No sé qué esperan encontrar y mucho menos sé lo que puedo ofrecerles pero tal vez si les presto mis palabras puedo recibir las suyas a cambio y de esta forma cerrar un buen negocio.
Si les interesa, sin dar más vueltas, les doy la bienvenida a mi Blog.

miércoles, 13 de enero de 2010


Ese día papá se levanto sobresaltado, quizás porque grite muy fuerte o tal vez habrá sido por el relinchar de mi corcel al pegar un salto mortal para esquivar el golpe de un indio. Nunca lo supe y nunca lo sabré. De lo que estoy segurito es que ese día fue la primera vez que tuve un secreto. Y fue nuestro secreto aunque no lo acordáramos.
En los días que hace calor papa y mama, casi siempre van a dormir cuando todavía esta el sol , yo se muy bien que les molestaría si por alguno razón no muy alarmante los llegara a despertar. Lo que ese día sucedió es que el Jefe Acazazo eligió los mejores los mejores indios para pelear en el patiecito de casa. Esta batalla de vida o muerte seguro fue lo que despertó a mi papito. Lo se porque lo vi pasar casi volando por la ventana de persianas verdes hasta llegar al portón. Al ver que la batalla estaba en su momento mas cruel detuvo su furia y se escondió en la pérgola cerca de la higuera.
Los indios de acazazo morían uno a uno igual que la petunitas de la Tía Adela, lo que a mi papa siempre lo molesto. Pero el parecía congelado, como tocado por la varita de un hada. Sus pelitos negros con manchitas blancas se notaban sobre los palos que sostenían la pérgola y a veces, también se notaban sus ojos grandes como el lechuzon que aparecía cuando casi se hacia de noche.
Cuando la guerra del parque estaba llegando a su fin, recibí un golpe por las espalda que logro tirarme sobre el charco que se había hecho por la lluvia de la noche, la manga de mi camiseta nueva sufrió la consecuencias. Esta vez los ojos de mi intruso padre no fueron grandes como los del lechuzon, sino que eran chiquitos y habían dejado escapar una pequeña lágrima que recorrió su redonda cara hasta caer sobre un grillito que pasaba caminando. Al principio eche la culpa a mi descuido con la remerita nueva que acaba de arruinar en la batalla, pero no, después de un rato descubrí que mi papa no estaba mal por eso, como lo había hecho antes, como lo había hecho siempre.

2 comentarios:

Romii dijo...

Ay quiero llorar y no sé por qué.

San dijo...

esta bien que me prosa no es excelente, pero tampoco para hacerte llorar.

A alguna que otra persona le gusta mi blog ...